“Cuando te das cuenta que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible”

“Me gustaría que en nuestra boda hubiesen corazones en nuestro camino hacia el altar y que nuestras sillas estén decoradas con cintas de colores” así comenzaba la primera cita con Sara y Yeray. Desde ese momento, tuve claro que la de ellos, iba a ser una boda diferente.

Tras meses de preparativos y muchos obstáculos en el camino, ambos decidieron superar juntos los duros momentos y las ausencias para disfrutar de un día especial y vivir la boda con la que siempre habían soñado. A la entrada del hoyo 19, colocamos unos paneles para que los invitados dejaran allí sus zapatos y colgaran sus tacones. Aunque uno de los motivos principales era no estropear el green, Sara y Yeray querían que todos estuvieran descalzos. ¡Fuera postureo, fuera protocolo! Nada como cerrar los ojos por un momento, sentir la hierba mojada bajo la planta de los pies y ocupar sus asientos sin tropiezos.

Dicen acertadamente que, menos es más y los altares sencillos son mis preferidos. No fue tarea fácil. El 27 de agosto amaneció con viento y gris. Diez minutos antes de la ceremonia, el vendaval nos jugó una mala pasada por lo que casi tuvimos que retrasar la entrada de la novia. Por si esto fuera poco, echó a volar el tendedero de sombreros que habíamos habilitado entre las palmeras. Hubo que correr barranco abajo (¡literal!) a recuperarlos y aunque fue una situación límite, logramos ajustarnos al plan establecido y cumplir con el horario (no sin antes, sudar la gota gorda). Trabajar al aire libre, implica ciertos riesgos cómo estos, ¿quién se espera que en pleno día de verano pueda hacer mal tiempo? Pues pasa y es en estos casos en los que contar con profesionales del sector marca la diferencia entre que todo salga bien o sea un completo desastre.

Sara estaba lista, y cuando se dispuso a salir de la habitación del hotel, como por arte de magia, el cielo se abrió y salieron los primeros rayos de sol. Contener la emoción era una tarea casi imposible. Del brazo de su padre él y junto a su madre ella, iniciaron el camino hacia el altar. Sus dos perritas, fueron las encargadas de hacerles entrega de las alianzas que llevaban sujetas al cuello.

Para el momento de los postres, montamos un candy bar que hizo las delicias de grandes y pequeños. La sorpresa del día, la dio David Roma, quien puso en pie y a bailar a todos los invitados como solo él sabe hacerlo.

También formaron parte de esta boda:

Localización: Campo de Golf Bandama | Fotografía: If Photographers | Música: David Roma | Decoración: La Sal | Complementos novio: PACCA